Tenemos cuarenta equipos Atlas X en un almacén. Se embalaron en 2023 y nunca llegaron a instalarse, están completos, llevan dos años de garantía y no pueden conectarse absolutamente a nada. Se los estamos regalando a los colegios.
Ese último punto es de los que un fabricante suele enterrar. Nosotros lo ponemos por delante, porque para un aula no es un defecto. Es toda la razón por la que merece la pena tenerlos.
Qué hay realmente en la caja.
Cada caja contiene un equipo completo: la turbina, su juego de palas y un regulador de carga con carga de disipación. No se ha quitado nada y no se ha usado nada. Sencillamente han estado en un almacén seco desde 2023 mientras enviábamos existencias más nuevas.
La carga de disipación merece un párrafo propio, porque es la pieza que nadie espera y la que más va a gustarle a un profesor de física. Una turbina eólica que gira tiene que llevar su energía a algún sitio. Si la batería está llena y la máquina se queda conectada a nada, no hay resistencia eléctrica que frene el rotor y este se embala. La carga de disipación es una resistencia que toma el excedente y lo convierte en calor. Es un dispositivo de seguridad y es también el trozo de física más visible de todo el sistema: cuando las baterías están llenas se calienta, y una clase puede acercar la mano y entender la conservación de la energía sin que nadie dibuje un esquema.
Cuarenta equipos completos. Para un colegio, la cifra que importa es la tercera.
Lo que los hace parecer antiguos es justo lo que le conviene a un aula.
No son dispositivos conectados. Sin radio, sin aplicación, sin cuenta en la nube y sin panel de control. En 2023 eso era lo normal. Hoy suena anticuado. Para un colegio son tres ventajas distintas, y ninguna es marketing.
La primera es papeleo que usted no tiene que hacer. Un dispositivo conectado en un recinto escolar significa que alguien tiene que responder qué transmite, adónde van esos datos y quién los trata. Una máquina sin radio no plantea ninguna de esas preguntas, porque no hay nada que preguntar.
La segunda es que no se le puede quitar nada. El equipamiento conectado deja de funcionar cuando el fabricante deja de pagar un servidor, y eso le ha pasado a mucho equipo bueno. Esta turbina no tiene esa dependencia. En 2045 se comportará exactamente igual que el día en que se atornilló, sea lo que sea de nosotros para entonces.
Una turbina conectada le enseña al alumno un número en una pantalla. Esta lo manda a medirlo.
Esa es la tercera ventaja, y es la de verdad. Una aplicación le entrega una cifra y esconde todo lo que hay detrás. Un regulador de carga con bornes accesibles, en cambio, es un instrumento: una clase puede ponerle un multímetro, registrar tensión y corriente frente a la velocidad del viento, trazar una curva y discutir por qué esa curva no tiene la forma que insinúa el folleto. Con un aparato sellado no se puede. Con este se puede todo el día.
Una de las cuarenta, abierta para esta fotografía. Turbina, tornillería y el regulador en su caja, exactamente como se embalaron.
Gratis para colegios. Mitad de precio para distribuidores.
Si es usted un colegio, un instituto, un departamento universitario o un centro de formación, la turbina es gratis. No rebajada — gratis. Si es distribuidor, las mismas existencias están disponibles a mitad de precio. En ambos casos el camino es el mismo: cree una cuenta o inicie sesión y escríbanos desde ahí, para que la consulta llegue asociada a una dirección real sobre la que podamos presupuestar el transporte.
Díganos con franqueza qué es usted y qué piensa hacer con ella. Cuarenta no son muchas. Preferimos que vayan a cuarenta sitios que de verdad las van a levantar que a cuatrocientos que sienten curiosidad.
Lo que no le damos.
Esta es la parte que le pedimos leer dos veces, porque una turbina gratis para la que nadie ha planificado no es un regalo: es una responsabilidad con dos años de garantía encima.
Le damos la máquina. No le damos la instalación. En un recinto escolar eso significa, como mínimo: alguien competente que confirme que la estructura o la cimentación aguantan las cargas; la licencia urbanística o el consentimiento del propietario que corresponda donde usted esté; el trabajo eléctrico ejecutado y firmado por una persona cualificada; una evaluación de riesgos; su aseguradora avisada; y el mástil situado o vallado de manera que no quede en medio de donde juegan los niños. Nada de eso es raro en un colegio, pero todo tiene que ocurrir antes de abrir la caja, no después.
Y una cosa más, la que de verdad decide si esto funciona: alguien tiene que hacerse cargo. Una persona con nombre y apellidos entre cuyas funciones esté revisar las fijaciones cada otoño y saber cómo frenar la máquina antes de un temporal. Si esa persona no existe, en tres años la turbina se convierte en un adorno agarrotado, y eso enseña una lección que ninguno de nosotros quería enseñar.
Antes de pedirnos una.
Un país ventoso no es un patio ventoso. Los mapas eólicos nacionales dicen muy poco de un emplazamiento cerrado entre un pabellón deportivo, una hilera de árboles y un edificio de aulas de tres plantas. Si tiene un trimestre por delante, mida primero: un anemómetro en la posición prevista del mástil, registrado durante una temporada ventosa, le dirá más que cualquier mapa — y da mejor trabajo de clase que la propia turbina.
Si la respuesta es que su emplazamiento está resguardado, preferimos que lo sepa antes de que enviemos una caja a través de un continente. Díganoslo y se lo diremos. No existe ninguna versión de esto en la que queramos una turbina parada en un patio de colegio con nuestro nombre encima. Las especificaciones completas de la gama Atlas están en la página de producto, y esas son las cifras con las que hay que diseñar.
Las demás, todavía flejadas. Cargadas igual que cualquier otro pedido — la única diferencia es la factura.
Cuarenta máquinas que no se pueden actualizar, no se pueden rastrear y no se pueden apagar desde otro sitio.
Creemos que eso las hace valer más en un aula de lo que valieron nunca para nosotros en una estantería.
En el momento de escribir esto hay cuarenta equipos completos disponibles: turbina, juego de palas y regulador de carga con carga de disipación, embalados en 2023, sin usar y sin reacondicionar, cada uno con dos años de garantía. Son gratis para colegios, institutos, universidades y centros de formación, y están a mitad de precio para distribuidores. La instalación, el cálculo estructural, la licencia urbanística o el consentimiento del propietario, el trabajo eléctrico, la certificación y el seguro no están incluidos y son responsabilidad del destinatario. Cuando se acaben las cuarenta esta oferta termina, y lo diremos en esta página en lugar de dejarla puesta en silencio. Aquí no se nombra a ningún cliente. Las especificaciones de la turbina son datos publicados por nosotros y se pueden comprobar en la página de producto.

